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Imagen 10-04-2010 Discurso de la Servidumbre Voluntaria o el Contra Uno. Manuel Rodríguez

Albiac se preguntaba ¿si somos cobardes o idiotas?, pues ante la ruina personal y de la Nación no movemos un dedo y tampoco acudimos en su su ayuda. Para responderse llamó a Etienne de la Boëtie.

Los otros días citaba Gabriel Albiac una obrita enorme y pionera. Lo ha vuelto a repetir en más ocasiones  porque  los 500 años que han pasado desde su escritura no la han hecho vieja, sino todo lo contrario. Resulta de rabiosa actualidad. La citaba en buena hora para usarla como badajo en la campana de la conciencia colectiva. Gabriel se preguntaba ¿si somos cobardes o idiotas?, pues ante la ruina personal y de la Nación no movemos un dedo  y tampoco acudimos en su su ayuda. Para responderse llamó a Etienne de la Boëtie. El no lo cita pero lo haré yo: “ Siempre el pueblo ha sido así; al placer que no puede honestamente recibir está totalmente abierto y disoluto e insensible al agravio y al dolor que no debe honestamente soportar. Ponle tú, lector amable las palabras en uso hoy.

De existir eso que llaman anarcocapitalismo Etienne debería ser su fundador. A menudo se le adjudica a Henry Thoreau el principio de la desobediencia frente al poder ilegitimo, pero es fama prestada. El primero es Etienne, en pleno renacimiento quien funda la desobediencia civil ante el Poder tiránico. Nos hace preguntas tan grandes desde sus escasas 50 páginas que nos duelen las respuestas. De ser sinceros nos veríamos obligados de inmediato a salir a la calle y tomar de la solapa a vecinos y amigos y decir: ¡Basta ya! Nos obligaría a la rebelión.

La rebelión, no la violencia, no la revolución. Etienne es católico y consecuente. Distingue bien este mundo de El Paraíso. Respeta las tablas: no robarás, no matarás, etc. Pero también pone blanco sobre negro lo que no aparece en ellas: Obedecerás a quien te roba, a quien te mata, a quien te estupra a ti o a tus hijos o semejantes y renunciando a la violencia nos describe doscientos años antes que Thoreau la desobediencia civil ante la injusticia. Ante el Poder que ha traspasado sus límites, el que ignora las leyes o las pervierte. El Poder que abusa del pueblo en vez de servirlo.

Esta obrita tiene ya quinientos años, pero tan bien llevados que efectivamente puede estar en las primeras páginas del ABC de hoy día.  Ojalá esta obrita anime la conciencia de más de uno a tomar de la mano al prójimo y desafiar al Poder.  Desafiarlo no por la fuerza, que justificaría la violencia de Poder. Sino con el desafío insoslayable de la desobediencia. De no reconocerle autoridad al Poder que nos afrenta e ignorarlo.

¿Qué haría, por ejemplo, la Consellería de Cultura si alguien, muchos, pocos da lo mismo ignorándola se dedicasen a no usar en absoluto y para nada la lengua que no quieren usar? ¿Cuántos expedientes podría abrir? ¿Cuántos juicios podría soportar? ¿Cuánto tiempo tardaría el Poder en claudicar ante una multitud que lo ignora? Etienne sostiene que el Poder tiene fuerza para enfrentarse a uno, a diez, a mil. Tiene en nómina a más para ejercer a través de ellos su fuerza. Hay mucho estrecho de mente que alimenta con sus vecinos al cocodrilo con la única esperanza… de ser comido el último. Pero tiene un límite, quizás no tengamos la certeza de su situación, pero existe, a partir del cual ya no tiene fuerza suficiente para enfrentarse a tantos ni “valor” vara usar métodos  que no duda en usar sobre las personas aisladas. Es cierto que somos esclavos voluntarios. La esclavitud personal es siempre voluntaria, pues siempre cabe el recurso personal de no aceptarla y oponerse a ella. Recuerdo las memorias de Víctor L. Frankl en los campos de exterminio nazis. En ellas cuenta como el individuo era sometido por la fuerza más bruta a la deshumanización más lacerante destinada a destruir cualquier rasgo de resistencia y humanidad en los individuos. Pues aún allí encontró individuos dispuestos a resistencia, al no sometimiento, que tuvo que ser asesinados para no sufrir el verdugo la humillación de su fracaso. Gente que no se sublevó con la fuerza, sino con la desobediencia. Gente que aún sin nada, salvo un pijama de rayas, encontró algo que dar al prójimo, algo humano que no entregar a la bestia. No son, para nosotros, tan duros los días hoy. Pero seguimos el mismo camino que lleva a ellos. Dejando obrar a quien allana la ley, a quien la pervierte, a quien ebrio de totalitarismo dicta normas de vida al prójimo, a quien usando fuerza, dinero o poder esquiva la responsabilidad en actos que están a la vista de todos. Y no hacemos nada.  Pero podemos oponernos. Oponernos a que nos digan cómo hemos de vivir, vestir, hablar, nuestros principios o la falta de ellos según se mire.

Etienne dice que podemos desobedecer. No podemos ser violentos, pero si negarnos a ser víctimas. Podemos ignorar las decisiones del Poder y llevarlo en su ceguera a ser tan injusto que sean entonces legión los que lo repudien. Pues eso es el Discurso de la Servidumbre Voluntaria o el contra Uno. Está editado por Tecnos, en la serie Tercer Milenio (www.tecnos.es).  Un cordial saludo:

MANUEL RODRÍGUEZ

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